En algún momento de su vida, probablemente haya notado algunos materiales metálicos con cierto desgaste, porosidad y un color marrón rojizo (óxido). Este fenómeno se conoce como corrosión y, lo que muchas personas no saben, es que no ocurre únicamente en materiales metálicos. Incluso los materiales poliméricos y cerámicos están sujetos a este proceso espontáneo.
¿Qué es la corrosión y cómo se clasifica?
En resumen, la corrosión puede definirse como un proceso químico que ocurre de forma espontánea en un determinado material debido a su exposición a un ambiente específico, provocando su deterioro. Este fenómeno puede clasificarse en corrosión electroquímica, química y electrolítica. Para comprender cómo ocurren estos procesos, es necesario conocer algunos conceptos básicos.
En las reacciones de oxidación-reducción (redox) se produce la transferencia de electrones de un reactivo a otro. La sustancia que pierde electrones se oxida y se denomina agente reductor, mientras que la sustancia que gana electrones se reduce y se conoce como agente oxidante. El factor que determina la ocurrencia de la corrosión es el potencial de reducción; por lo tanto, cuanto menor sea este potencial, mayor será la tendencia del material a oxidarse y, en consecuencia, mayor será la posibilidad de formación de una celda de corrosión.
En el proceso de corrosión electroquímica ocurre una reacción redox, ya que existe un intercambio de electrones entre el elemento químico del material y el medio en el que se encuentra. Este proceso puede producirse cuando el metal está en contacto con un electrolito (una solución acuosa capaz de transportar iones) o cuando dos metales diferentes están en contacto en presencia de un electrolito. En este caso, la diferencia de potencial entre ambos materiales genera una corriente de electrones que corroe el metal menos resistente. En otras palabras, el ánodo, al presentar una mayor velocidad de oxidación, pierde electrones que son transferidos al cátodo, donde ocurre la reducción. Por ello, el ánodo es el que sufre la corrosión.
La corrosión química, por su parte, no requiere la presencia de un electrolito. Se produce cuando el material entra en contacto directo con un agente corrosivo.
Por otro lado, la corrosión electrolítica no ocurre de forma espontánea, sino que es provocada por la aplicación de una corriente eléctrica externa.
La galvanización electrolítica consiste en depositar una capa de zinc sobre un material mediante corriente eléctrica. La corriente alterna suministrada por la red eléctrica se convierte en corriente continua mediante rectificadores, permitiendo la separación de la corriente en dos polos: positivo y negativo (ánodo y cátodo).
En el ánodo se coloca el zinc, que se disuelve en una solución electrolítica y es transportado hasta la pieza conectada al cátodo. Debido a la elevada corriente aplicada, el zinc se deposita sobre la superficie del material, permaneciendo adherido incluso después de determinadas operaciones de doblado o torsión.
Después del proceso de deposición de la capa de zinc, la pieza recibe una capa de pasivador. Este producto actúa como una protección adicional para el zinc, aumentando su resistencia a la corrosión y proporcionando un acabado estético de alta calidad.
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